Érase una vez (como un comienzo cualquiera en algunos de los cuentos populares infantiles) un señor que tenía un euro, y cincuenta céntimos. Éste fue a la tienda, y, a juzgar por su valor, el euro era más valioso que la moneda de cincuenta céntimos, el cual, apenas daba para tres caramelos.
Un día, frente a la Iglesia de un pueblo, había un mendigo pidiendo dinero para comer. Su aspecto era desagradable: poca higiene, ropa rasguñada y sucia, cara desaseada...
Un joven rico pasó por allí, y vio al pobre mendigo. Este, al ver que se acercaba a él para darle algo de dinero, puso una alegre sonrisa. Su sorpresa fue enorme, al ver que el joven rico le ofrecía veinte euros.
Al poco tiempo, una mujer con apenas dinero para sobrevivir, vio al pobre mendigo pidiendo dinero para vivir. Ésta, que estaba en la pobreza, se acercó al mendigo, y le dijo:
- Siento mucho no poder darte más, pero es lo único que tengo.
El mendigo extendió sus manos.
La mujer sacó de su cartera cincuenta céntimos que le quedaba para el pan, y se los entregó al mendigo para que sobreviviese al menos, un día más.
Y ahora... ¿qué es más valioso, los veinte euros del rico, o los cincuenta céntimos de la pobre?
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