Aunque no es una regla, sí es una costumbre para los hombres llevar pelo corto.
El origen de esto, sucedió durante el gobierno de César Augusto, el primer emperador Romano, es decir, entre el 30 a.C. y el 14 d.C.
Esto fue una estrategia para los soldados, ya que sus enemigos les cogían del pelo y les degollaban. Por eso, al tener el pelo corto, reducían la posibilidad de ser degollados.
Claro está, ahora nosotros no nos preocupamos de que nos degollen, ni mucho menos, pero sí que se ha recogido esa táctica de defensa hasta nuestros días, como un signo que simboliza a una persona de ser hombre.
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